LA MASONERIA EN EL SIGLO XIX

La relación entre política, violencia y masonería en la formación de la nación colombiana.
Durante el siglo XIX en América una oleada de guerras de independencia conocidas como las guerras atlánticas, arraso con los vínculos formales que supeditaban las colonias de ultramar a los centros metropolitanos europeos. Fue inmersos en estos convulsionados procesos de cambio político que el modelo de sociabilidad masón se insertó transversalmente en toda la América española, aunque ya desde finales del siglo XVIII en América del norte las logias masonas tuvieron mucho que ver con el proceso libertario que termino con la declaración de independencia.
De manera clandestina las sociedades secretas, sociedades filantrópicas, sociedades democráticas, sociedades económicas, sociedades bíblicas y las tertulias difundieron en un reducido pero significativo grupo de criollos el mensaje político y filosófico que la masonería proponía en términos de igualdad, libertad y fraternidad, influenciando la publicación de Los derechos del hombre y el ciudadano de Antonio Nariño, y otras publicaciones y proyectos a lo largo de todo el siglo XIX. Un dato importante en el que no se hará mayor profundización pero no por ello menos importante es que la entrada del protestantismo en la Nueva Granada por medio de Francisco de Paula Santander y el cura dominico, antiguo realista, Antonio María Gutiérrez en la década del 20 y 30, coincidía con el ideario liberal de auto perfeccionamiento y a su vez con la masonería que invitaba a los hermanos masones a cobrar consciencia de su alienación política, pero fue por su oposición a la iglesia católica aliada al Estado absolutista en un país profundamente católico que no cobró fuerza entre la élite a pesar de que algunos sobresalientes miembros de la elite conservadora muchos años más tarde tuvieran peligrosos acercamientos al protestantismo como se sabe de Miguel Antonio Caro por una de sus cartas personales.
Es importante resaltar que las oposiciones dialécticas en la política se transformaron conforme el transito del poder de unas manos a otras se fue dando, es decir, a comienzos del siglo XIX el escenario binario era conformado por realistas que defendían a la Corona española y patriotas que defendían la independencia, pero a mediados de siglo la dicotomía giraba en torno a los diferentes proyectos de Estado -liberal o conservador-, conservando en su mayoría las viejas redes intersubjetivas patriotas pero reconfiguradas al dividirse en dos partidos opuestos, y para volver más interesante la situación para finales del siglo ya no eran tan distinguibles las fronteras entre un partido y otro debido a acercamientos entre intereses liberales y conservadores que dieron como resultado la multiplicación de facciones políticas impactando decisivamente el universo de la masonería en el país, para entonces Estados Unidos de Colombia.

Existe la creencia que la masonería fue un modelo de sociabilidad exclusivamente liberal, pero si en algo se caracteriza el siglo XIX es en los rasgos multifacéticos de sus personajes. El personaje en el que me centraré para ejemplificar esta afirmación es Anselmo Pineda, un relativamente desconocido prócer de la independencia de la tercera generación de próceres, contemporáneo a Mariano Ospina Rodríguez, Tomás Cipriano de Mosquera, Manuel Murillo Toro, Pedro Alcántara Herrán y otros. Pineda fue al mismo tiempo militar, político, el mayor coleccionista documental del siglo, dirigente conservador y activo masón.
La biografía de Pineda es un interesante tejido plagado de contradicciones en lo personal y en lo público, hago la diferencia de ambas esferas debido a que el universo cultural del siglo XIX hacía efectivamente esa distinción a raíz de la ilustración, de modo que un individuo podía en lo privado ser un ferviente católico y en el ámbito público solo podía argumentar con razones de tipo racionalmente comprobables y aceptadas por el “tribunal de la razón”, en otras palabras, el público lector e ilustrado.
Anselmo Pineda fue un antioqueño que participó en todas las guerras civiles colombianas hasta la década del 60, comenzando por la Guerra del Santuario en 1829 entre las tropas de José María Córdova quien no estaba de acuerdo con la dictadura de Bolivar, y las tropas enviadas por este último desde Santa fe bajo el mando del irlandés Daniel O´Leary, siguiendo con la toma del poder por parte de los opositores de Bolivar en 1831, la guerra de los supremos en 1839, la guerra de 1854 contra el presidente indígena José María Melo y la guerra radical de 1863.
Además, a la par de que fue un incansable militar sobreviviendo a varios encuentros cercanos con la muerte por heridas de guerra muy serias, fue un determinado y reconocido coleccionista documental de toda clase de documentos impresos producidos por todas las instituciones públicas, periódicos e imprentas en un doble esfuerzo expresado de manera abierta en su correspondencia personal de resolver de forma privada la ausencia de una archivo y una biblioteca nacional y, por otro lado, dejar para futuras generaciones los insumos necesarios para escribir una historia definitiva de la formación del Estado republicano.
Como político fue representante a la cámara por Antioquia y gobernador en tres de las provincias más abandonadas y periféricas de la Nueva Granada: Panamá, Caquetá y Túquerres, como gobernador sus logros insertando estas regiones en la economía nacional perviven hasta hoy reflejados en la fama de los sombreros panameños que comenzaron a ser exportados gracias a la inversión del erario en su administración para la construcción de escuelas populares y fábricas para su producción, en los caminos que conectan en sur del país con el centro, en la construcción de escuelas populares mixtas e interraciales para la instrucción de las masas que al mismo tiempo ayudo a ubicar en estas zonas para incentivar la producción, es decir, contribuyó de manera decisiva al poblamiento del sur del país, manteniendo seguras las fronteras de invasiones francesas en el caso panameño y ecuatorianas en el caso de Túquerres y Caquetá.
Adicionalmente, Pineda fue un ávido miembro de múltiples sociedades de tipo ilustrado, perteneció desde muy joven a la sociedad democrática de Medellín, fundó la sociedad filantrópica de Panamá, fue co-fundador de la sociedad filantrópica de Bogotá, co-fundador de la sociedad de socorros mutuos junto a miembros del artesanado aliados del partido conservador después de la guerra librada tanto por liberales y conservadores en coalición en contra de esta fuerza política representada por el para entonces presidente y masón de la logía Estrella del Tequendama, José María Melo en 1854.
Durante este periodo de la década de 1850 Anselmo Pineda además se vincula a una práctica de sociabilidad eminentemente liberal, pero que comenzaba a reunir a la élite de los tres grandes actores sociales – liberal, conservador, artesanado-, concretamente milita en la logia Propagadores de la Luz, que hizo parte de un grupo más grande de logias masonas nombrado en 1864, el Gran Oriente Colombiano, que más tarde se subdividió entre el Gran Oriente del Centro que comprendía Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Cauca y Santander, y el Gran Oriente que abarcó Magdalena, Ocaña, Bolívar, Panamá y Antioquia. Y a lo largo de la década del 60 la masonería sufriría cambios conforme a la realidad política a la cual iba aparejada entonces. La masonería desde 1863 se reestructuró conforme las alianzas políticas entre liberales moderados y conservadores en oposición al ala radical, para 1864 se creó el Gran Oriente Colombiano que reunía las logias Estrella del Tequendama, Luz del Tolima, Luz del Cauca y otras más creadas por Tomás Cipriano de Mosquera en Bogotá con la finalidad de promover las fidelidades liberales y conservadoras a su favor. Propiamente el mosquerismo se concentró en las logias Luz del Cauca, La Aurora de Cali, Luz del Tolima, Estrella del Norte, Estrella de Saravita, Estrella de Colombia, Filantropía Bogotana y Propagadores de la Luz, que contaba con 140 miembros entre los cuales estaba Anselmo Pineda,
Fue a través de Pineda y su red epistolar conservada en la Biblioteca Nacional de Colombia que se han ido descubriendo que las redes masonas no solo constituyeron una plataforma política para muchos líderes ubicados en zonas distintas e incluso contrarias del conflictivo y violento escenario político, sino que estas mismas redes masonas permitían el encuentro de redes sociales en competencia como eran las redes liberales, conservadoras y artesanas. Varios de los amigos cercanos de Anselmo Pineda con los cuales secretamente (por mensajes en las cartas sabemos que fue de manera clandestina), mantenía una relación epistolar, eran masones y pertenecían a facciones opuestas, es el caso de Luis Silvestre, Manuel Ancízar, Manuel Murillo Toro, Salvador Camacho Roldan, Domingo Díaz Granados, Ramón Gómez y muchos otros masones que se repartían entre liberales, conservadores y artesanos.
La masonería fue entonces un elemento fundamental en la política decimonónica caracterizada por que sus élites siempre tendieron a organizarse en todo tipo de sociedades y usarlas en la pugna política por el poder del Estado, dicha pugna se refiere a un escenario de conflicto que involucraba la toma de las armas como práctica típica en la política colombiana pero que rara vez suponía como meta la erradicación del enemigo. Un rasgo más para señalar la importancia de la masonería en la política y la violencia arraigada a esta, fue la coincidencia entre la estructura estatal y la estructura del Gran Oriente, siendo desde el presidente Mosquera también gran maestro del gran oriente la organización del Estado parecía un calco de la organización masona. Para cuando Mosquera fue depuesto la masonería en el centro del país tuvo uno de sus más duros golpes y en Bogotá solo quedaron las logias Estrella de Saravita, Estrella del Tequendama y Propagadores de la Luz, mientras que las demás logias se replegaron a la costa atlántica.
Ponencia presentada en el marco del 4° Foro Masónico Nacional, realizado en el mes de noviembre de 2016.